Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente

Una enfermedad ¿de la civilización?

Autor: Lisandra Fariñas Acosta http://granma.cu Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de ella como la paradoja de la tecnología moderna. Se refieren a la diabetes tipo […]

Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de ella como la paradoja de la tecnología moderna. Se refieren a la diabetes tipo 2, a la que suelen considerar como “una enfermedad de la civilización”, si se tiene en cuenta que representa más del 90 % de los casos de diabetes y es en buena medida producto del desarrollo humano en términos tecnológicos.

Lo cierto es que este padecimiento se ha convertido en una amenaza para la salud mun­dial, y de ello dan cuenta los más de 300 millones de personas que de acuerdo con la OMS viven en el mundo con diabetes. Di­ver­sas publicaciones dan cuenta de este fenómeno, en medio de un contexto que facilita a las personas el ingerir más calorías que en cualquier otro momento de la historia y en el que tampoco hay grandes demandas físicas (ca­mi­nar, montar en bicicleta, realizar trabajos físicos), sino una vida más bien sedentaria en la que se pasan el día sentados.

“Esta combinación de ingreso excesivo y escaso gasto de calorías lleva al aumento de peso y a la obesidad, desequilibrio que se está viendo en el mundo desarrollado desde los años 30 y produjo un aumento rápido de la diabetes de tipo 2 en los años 80 y 90. Pero ahora la cantidad de alimentos hipercalóricos que están consumiendo muchas personas en el mundo en desarrollo también supera en mu­cho lo necesario, y la epidemia se está ex­ten­diendo”, advierte por ejemplo el doctor  Chris Feudtner, profesor asistente de pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos y quien se ha especializado en el campo de las enfermedades crónicas complejas.

“Las tecnologías han modificado la cantidad de energía consumida en las actividades cotidianas. Ello nos ha dado un exceso de calorías y ha reducido el gasto de energía. No es que yo proponga que nos convirtamos en luditas y volvamos a la agricultura de subsistencia y a ir caminando a todas partes, pero tenemos que hacer frente a las consecuencias de haber forzado nuestro metabolismo más allá de lo que es capaz de soportar”, sostuvo el experto durante un seminario sobre la historia de la salud mundial en la OMS.

Basta tan solo detenernos a observar qué es lo que las personas prefieren comer, para que no queden dudas sobre el peligro de los alimentos ultraprocesados como motor de la epidemia mundial de obesidad. Indicadores suficientes de ello encontramos en nuestro propio país, si tenemos en cuenta que de acuerdo con los resultados de la III Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada en el año 2010, más del 40,4 % de la población cubana de 15 años y más no realiza actividad física suficiente, y la obesidad en su forma global, que incluye el sobrepeso, representa un 43,8 %, teniendo entre sus condicionantes los hábitos no saludables de alimentación.

En ese sentido, la Organización Pa­na­me­ricana de la Salud estima que casi 61 millones de personas viven con Diabetes Mellitus (DM) en las Américas, donde uno de cada dos adultos tiene sobrepeso u obesidad, el principal factor desencadenante de la enfermedad jun­to con la inactividad física. Además, se calcu­la que esta enfermedad está relacionada con más de medio millón de muertes cada año en la región.

La diabetes es definida por la OMS como una enfermedad crónica que se produce cuando el páncreas no produce suficiente in­sulina (una hormona que regula el azúcar en la sangre y nos aporta la energía necesaria para vivir), o cuando el cuerpo no puede utilizar eficazmente la insulina que produce. Si no puede llegar a las células para convertirse en energía, el azúcar se acumula en la sangre hasta alcanzar niveles perjudiciales.

Son dos sus formas principales. Las personas con diabetes de tipo 1 generalmente no producen insulina, por lo que necesitan inyecciones de esta hormona para sobrevivir. Las personas con diabetes de tipo 2, que suelen producir su propia insulina, pero la cantidad es insuficiente o no la pueden utilizar apropiadamente; por lo general tienen sobrepeso y son sedentarias, dos circunstancias que au­mentan sus necesidades de insulina. Con el tiempo, la hiperglucemia puede poner en peligro a todos los órganos principales del cuerpo y provocar ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, neuropatías, insuficiencia re­nal, ceguera, impotencia e infecciones que pue­den necesitar amputación, advierte la OMS.

En Cuba, es justamente la diabetes la octava causa de muerte en la población, de acuerdo con la Dirección de Registros Médicos y Estadísticas de Salud del Ministerio de Salud Pública, y más del 55 % de las personas que fallecen a causa de la diabetes, lo hacen prematuramente, pues son menores de 75 años y no alcanzan la esperanza de vida promedio en el país.

Asimismo, si bien están dispensarizados como diabéticos un 5,2 % de la población cu­bana general, siendo más frecuente en las mu­jeres, la encuesta citada anteriormente mos­tró una prevalencia de un 10 % en la po­blación mayor de 15 años. Ello habla de un grupo considerable de personas que tienen diabetes y no lo saben, por lo cual muchos llegan al diagnóstico cuando ya están presentes las complicaciones de esta enfermedad.

La diabetes nos coloca hoy frente a la realidad de que los medicamentos existentes son para su tratamiento una vez que ya se ha manifestado, pues no se dispone aún de fármacos para evitar que un trastorno metabólico inicialmente leve progrese hacia la diabetes. Sin embargo, la diabetes es un ejemplo de cómo la medicina moderna, a pesar de no curarlas, consigue modificar la progresión de muchas enfermedades y sus repercusiones en el paciente, convirtiéndolas de agudas en crónicas.

Pero ello depende, en el caso de la diabetes tipo 2, de cómo seamos capaces de modificar estilos de vida hacia otros más saludables.
Las estadísticas son concluyentes. Según la OMS la inactividad física es la causa principal de al menos el 27% de los casos de diabetes. Tenga en cuenta que un nivel adecuado de actividad física en adultos reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidentes cerebrovasculares y caídas; mejora la salud ósea y funcional; es fundamental para el equilibrio calórico y el control del peso; disminuye la mortalidad y contribuye a reducir la ansiedad (sobre todo cuando se realiza de forma moderada) y al equilibrio de la salud mental al prevenir y disminuir el grado de depresión.

El sedentarismo del mundo moderno al que nos convocan diariamente la televisión, el teléfono móvil o el ordenador son tentaciones que alejan cada vez más a la población de los ambientes naturales y el deporte, y derivan muchas veces en una especie de muerte lenta, unido a los malos hábitos alimentarios en una cotidianidad donde la comida chatarra obtiene un mayor consumo que las dietas equilibradas en fibras y vegetales.

No es casualidad que el próximo Día Mun­dial de la Salud, el 7 de abril, esté dedicado a la diabetes, esa epidemia silenciosa, que pone a los sistemas de salud del mundo frente a mu­chos desafíos, pero que es posible, con conciencia del riesgo, revertir.

Acerca de jmanuelr

Universidad de Sancti Spíritus ¨José Martí Pérez¨

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