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Exámenes de ingreso: la cuenta no da

Los exámenes de ingreso a la Educación Superior suelen destapar la caja de Pandora al develar no pocas deficiencias del sistema educacional. Por Enrique Ojito. http://www.escambray.cu/2016/examenes-de-ingreso-la-cuenta-no-da/ Una mirada a los […]

Los exámenes de ingreso a la Educación Superior suelen destapar la caja de Pandora al develar no pocas deficiencias del sistema educacional.

Una mirada a los resultados de la convocatoria ordinaria de los exámenes de ingreso a la Educación Superior en predios espirituanos

Por más que me devano los sesos, la cuenta no da. Ni sospeche que hablo del bultico de billetes que al final de mes entra al bolsillo y se esfuma al instante. Incluso, el cálculo no se vuelve solo indescifrable para mí; sino que mantiene en ascuas a padres, profesores y estudiantes espirituanos asistentes a la convocatoria ordinaria de los exámenes de ingreso a la Educación Superior, desarrollada del 3 al 10 de mayo. Afortunados los mortales que no tuvieron a un hijo o hija, o a pariente en el trance.

Si en alguna asignatura el algoritmo no da es en Matemática. Que  más de 440 alumnos (alrededor del 33 por ciento del total de examinados) desaprobaran deja una estela de inquietudes. Con sus particularidades, Historia resultó menos traumática con el 82.03 por ciento de aprobados; mientras Español salió a flote con el 92.4, según datos preliminares de la Secretaría General de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez (Uniss).

¿El descalabro en Matemática —unos 10 puntos porcentuales menos con respecto al anterior año académico— puede calificarse como una derrota dentro de este sistema de enseñanza, si se parte de que dichas pruebas devienen clímax en la formación del alumno, cuyo ciclo inicia en preescolar y finaliza en duodécimo grado?

Directivos y funcionarios prefieren hablar en términos de “estamos inconformes”, “es una alerta”; sin embargo, casi nadie lo admite como un fracaso, demasiado evidente para recurrir a medias tintas.

De capa caída salieron no pocos estudiantes del examen de Matemática, a pesar de que la mayoría de ellos —sálvennos de ser absolutos— hizo suya la preparación para rebasar el ejercicio académico, con el aporte de sus profesores.

¿Por qué tantos no pudieron alcanzar la cota de los 60 puntos, si son los mismos alumnos y alumnas que dominaron los objetivos de la asignatura en los tres cursos del preuniversitario, o son otros, importados desde provincias cercanas, con menores coeficientes de rendimiento? ¿No resulta contradictorio que el 94.37 por ciento de esos educandos venciera el examen ministerial de la disciplina en la convocatoria ordinaria, realizado escasas semanas atrás?

En este último caso, fuentes de la Dirección Provincial de Educación (DPE) echan luz sobre el asunto: la llamada ministerial fue concebida para el alumno promedio, no así el examen de ingreso, cuya complejidad aumentó en relación con las convocatorias más recientes; “pero se podía aprobar”, advierte Milady Raya, jefa del Departamento de Preuniversitario de la DPE.

De ser así —sigo devanándome las neuronas—, no puede entenderse que uno de cada tres estudiantes presentados del Centro Mixto Leoncio Hernández, de Banao, y de la EIDE Lino Salabarría, de Sancti Spíritus, y más de la mitad de los examinados de los Institutos Preuniversitarios Urbanos Frank País, de Trinidad, no hayan vencido el cuestionario.

Embriagados por el paternalismo, padres encuestados exoneran de responsabilidades a sus respetivos hijos ante el revés. Error. La falta de estudio sistemático suele pagarse cara, como también el desentendimiento de la familia en lo referido a sus obligaciones desde la llegada del joven a la Enseñanza Preuniversitaria.

No me asisten las facultades para poner en la balanza a quién carga con la culpa; mas, arriesgo mi opinión: la escuela y el sistema educacional, en general, quedan muy malparados en el análisis.

Ejemplos en las antípodas. De un lado, los resultados destacados del Centro Mixto Ignacio Agramonte, de Yaguajay, y en la otra remota esquina el IPU Honorato del Castillo, de Sancti Spíritus.

Pero, donde el dominó se cierra es cuando usted sabe de alumnos que asistieron con regularidad a clases y ostentaban promedios dignos en Matemática y en las restantes asignaturas, y ni siquiera pudieron obtener el mínimo de 60 puntos. Si descartamos la posibilidad de la traición del nerviosismo en el momento del examen, pudiera pensarse, a la luz de las evidencias, que sus índices académicos eran un engaño, sustentados, quizás, en pruebas poco exigentes y quién duda si en cierta manifestación de favoritismo en el aula.

Por ahí andan los ejemplos de estudiantes con altos promedios y a la hora cero, a duras penas llegaron a 65 o 70 unidades. Evidentemente, el examen de ingreso hizo la diferencia y desnudó el fraude. A la par, sostengo que educandos con limitaciones cognoscitivas para con la asignatura —gracias a la perseverancia de la escuela y al interés individual— se impusieron ante la prueba, a partir de la estrategia diseñada por los consejos de dirección de los planteles desde que el estudiante puso un pie en décimo grado.

Dicen que Roma no se construyó en un día, y lo suscribo. El finalismo ronda aún la preparación para enfrentar este tipo examen, centrada hoy, como tendencia, en el duodécimo grado. Una experiencia contrastante, para bien, se localiza en el Centro Mixto Mártires de Granada, de Venegas. Allí, la casi totalidad del alumnado dominó el cuestionario de Matemática que, al decir de directivos y profesores de Cabaiguán, Fomento, Trinidad y Yaguajay consultados, sí se tornó riguroso.

No creo echar agua al mar al hacerse eco de otra convergencia de opiniones en cuanto a la formulación de la pregunta 2 del examen de Historia, considerada como “inesperada”, “cerrada” y “muy específica”, y que sacó de paso a profesores y discípulos. Tantas voces no deben estar equivocadas.

La interrogante en cuestión indagó acerca de las reformas políticas aplicadas por España para mantener su dominio colonial sobre Cuba en el período de 1878 a 1895. “Sí era un objetivo del programa, pero no de esa forma. El alumno tiene que argumentar (demostrar, explicar) las transformaciones económicas, políticas y sociales de la etapa; las económicas son más importantes que las políticas, sin menospreciar estas últimas”, expone Vivian Mursulí, metodóloga provincial de la asignatura.

Dicha materia como la de Español mantuvieron los niveles de aprobados similares a los del año lectivo anterior; aunque la calidad descendió, en opinión de Martha Montano Rivero, secretaria ejecutiva de la Comisión de Ingreso Provincial, quien lo ejemplifica con los 12 descalificados debido a errores ortográficos en Español. La duda aparece al doblar de la esquina: ¿cómo ellos pudieron sortear tantas comprobaciones durante la vida escolar?

Con posibilidades ínfimas de revisiones complacientes por los tribunales, los exámenes de ingreso a la Educación Superior suelen destapar la caja de Pandora al develar no pocas deficiencias del sistema educacional; sin embargo, paralelamente, permiten certificar las elevadas cotas alcanzadas por el proceso docente-educativo en instituciones como el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas Eusebio Olivera.

Cuando cuenten con los resultados definitivos de las convocatorias previstas, el Departamento de Preuniversitario de la DPE diseccionará su estrategia aplicada en la preparación de los estudiantes, que caminará en muletas si se obvian los niveles de enseñanzas precedentes, los que, más allá del éxodo de profesionales, también disponen de excelentes maestros.

A no dudar, sobre ellos y todos recae, igualmente, la responsabilidad de que los interesados en concurrir a la universidad puedan vencer los exámenes de ingreso, instituidos a finales de la década de los 80 del pasado siglo. Por cierto, nadie piense que la barrera del 80 por ciento de aprobados en Matemática resulta infranqueable; a inicios de la actual centuria, logró superarse.

Alumnos y claustros hilaron fino en aquel curso 2001-2002. No recuerdo si para esa fecha tantos padres se encomendaron a los santos, como hoy, para que sus hijos aprobaran. No sé si en esa época Martha Montano, secretaria general de la Uniss, recibió en su despacho a alguna madre desesperada, como ahora, a quien tampoco la cuenta le dio: “Profe, hasta 1 000 pesos gasté en un repasador de Matemática y ni con eso la niña aprobó”.

Acerca de jmanuelr

Universidad de Sancti Spíritus ¨José Martí Pérez¨

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