Salud

Los peligros de las cirugías estéticas

Escrito por  Lianet Leandro López / Especial de la ACN para CubaSí http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/52371-lipoescultura-otra-cara-de-una-moda-peligrosa La lipoescultura, cirugía cosmética que combina a la liposucción con la inyección de la grasa en otras […]

Escrito por  Lianet Leandro López / Especial de la ACN para CubaSí

http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/52371-lipoescultura-otra-cara-de-una-moda-peligrosa
La lipoescultura, cirugía cosmética que combina a la liposucción con la inyección de la grasa en otras zonas del cuerpo como los glúteos ha ganado popularidad en algunas zonas de Cuba

  Hace unos días, el periódico Adelante, de la provincia de Camagüey, publicó un amplio reportaje sobre una cirugía cosmética que ha ganado gran popularidad entre las mujeres de este territorio: la lipoescultura, que combina a la liposucción con la inyección de la grasa en otras zonas del cuerpo como los glúteos.

Como sucede con cualquier operación electiva, ese proceder se realiza luego de que los especialistas en Cirugía Estética y Caumatología, del Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech, evalúan a las pacientes mediante criterios de inclusión, entre ellos la edad, y ordenan exámenes complementarios.

Las féminas –en mayoría, aunque también acuden hombres- no pueden padecer enfermedades crónicas ni fumar, y además hasta 40 años es la edad aconsejable para hacerlo.

El acercamiento del semanario al tema acalló un pernicioso rumor que se extendía sobre la ocurrencia de fallecimientos por mala praxis, pues el prestigioso equipo médico a cargo del proceder aclaró que apenas se reporta un 0,05 por ciento de mortalidad dentro del quirófano, entre las más de ocho mil operadas.

Los datos publicados por Adelante aseguran que esa ínfima cifra está relacionada con complicaciones descritas en el consentimiento informado que el paciente firma antes, y que existe la garantía de un buen equipamiento, esterilización y la destreza de los cirujanos estéticos implicados.

Sin embargo, los riesgos de tal intervención, además ambulatoria, no concluyen con una salida satisfactoria de la mesa de operaciones, aunque la reconocida seguridad y calidad del sistema de salud en Cuba, y su gratuidad aún en estas cirugías de alto costo en el mundo entero, eleven la confianza de quienes las eligen.

Tal vez la cantidad no sea alarmante, pero sí es cierto que han fallecido mujeres tras someterse a la operación, no solo en el quirófano, también en los posteriores días de difícil recuperación.

Y cuando a la estadística se le pone el rostro humano y el dolor de la familia que vea partir innecesariamente a madres, hijas, sobrinas, en la plenitud de la vida, por una decisión motivada por un problema estético, una sola muerte puede parecer un millón.

¿Vale la pena el riesgo?

Por eso, el asunto requiere un poco más de luz, sobre todo hacia los motivos que llevan a las féminas, y en menor número a hombres también, a elegir la mesa quirúrgica como atajo para moldearse, y no otras vías más seguras como los ejercicios o la dieta saludable.

Si bien hay quienes acuden por deformidades patológicas, muchos más lo hacen puramente por estética, impulsados por modelos de belleza implantados a fuerza de concursos foráneos que, como se sabe, son patrocinados por las mismas empresas que cobran miles de dólares por una cirugía plástica.

A los inconformes con lo brindado por la naturaleza, pueden resultarles indiferentes el dolor de los masajes reductores posteriores, o el 23,1 por ciento de probabilidades de fallecer por una tromboembolia pulmonar, la complicación más frecuente y de mayor mortalidad en las liposucciones y sus derivados, según pesquisas del Censo de Cirujanos Cosméticos de Estados Unidos, disponibles en Internet.

La magia desaparece

Pero, ¿qué sucede a largo plazo con el efecto potenciado? Una operación de dos o tres horas, tres meses de recuperación con faja reductora, y cualquier otro susto posible, quizás valdrían la pena para un resultado de largo alcance, mas se calcula que en unos tres años… la magia desaparece.

La nutricionista Teresita Alzate Yepes, de la Universidad de Valencia, España, muestra en el artículo Cuerpo tirano y tiranizado, imágenes de mujeres que al cabo de ese tiempo están insatisfechas y con efectos más incómodos que los que trataron de extirpar a golpe de jeringas y bisturís.

Muchas veces la grasa se vuelve a acumular en otros sitios del cuerpo, referencia por su parte la revista Mundo Natural, pues se cree que estructuras como vasos y nervios se destruyen durante la liposucción y el organismo “redirecciona” esa sustancia.

Si el atajo al final resulta un callejón sin salida, sobre todo porque luego no se acompaña de otras prácticas saludables para mantener la figura lograda, y porque el paso del tiempo a nadie le es indiferente, más valdrían entonces esfuerzos por cultivar la propia autoestima.

Aunque no lo creamos, no es la imagen devuelta por el espejo la que nos incomoda, sino la reinterpretación que de ella hacen nuestros ojos.

Prótesis mamarias: Un problema que da al pecho

Escrito por  Vladia Rubio, especial para Cubasí

Sin dudas, la protagonista del famoso cha-cha-chá “La Engañadora”, de Enrique Jorrín, no habría corrido estos peligros con sus almohaditas, aunque después de descubiertas, nadie las quisiera apreciar.

Eva no parece haber necesitado un brassier de gran talla –al menos así lo evidencias pinturas, dibujos y esculturas, no fue posible acceder a su historia clínica-; pero a Adán poco le inquietó el asunto, quizás todo lo contrario, porque se ganó un puntapié del paraíso.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte no pocas Evas del viejo y del nuevo continente se han empeñado, a veces a toda costa y costo, en exhibir bustos desproporcionados.

Tampoco en esta oportunidad las impulsan exigencias de Adanes. Estímulos más maquiavélicos que la serpiente y más simbólicos que la manzana andan instigando a mujeres europeas y del continente americano a aumentar la talla de sus pechos y glúteos aun a riesgo de su salud e incluso de su vida.

No exagera la afirmación última. Un escándalo que aun borbotea con las prótesis mamarias Pip (Poly Implant Prothese) ratifica el riesgo. Sucede que un inescrupuloso fabricante francés decidió obtener una buena mascada por prótesis rellenas con un de tipo silicona industrial -y no para fines medicinales-, que con aditivos carburantes, es usada en la industria del caucho o en la construcción de barcos.

Cuando empezaron a romperse, surgió la sospecha; esta se volvió alarma y casi histeria al comprobar el engaño y, sobre todo, los serios peligros a la salud que implicaba, incluyendo la detección de enfermas de cáncer. En consecuencia, autoridades sanitarias de diversas naciones hicieron pública la recomendación de retirarse dichos añadidos.

El caos fue (es) masivo porque no son pocas las estafadas. Tan solo en Venezuela, por ejemplo, el gremio de cirujanos plásticos asegura que suman cerca de 62 mil 500 las prótesis de ese tipo vendidas entre 2005 y 2010. Por su parte, en Francia son unas 30 mil las “beneficiadas” de pecho, y a ellas el gobierno galo ha aconsejado que se extraigan dichos implantes luego de morir por cáncer una francesa que las llevaba.

Y en peligro no están solo las mujeres, las pesquisas detectaron que el inescrupuloso francés había fabricado también implantes para testículos, pechos y glúteos masculinos.

Así lo asevera el periódico ‘Le Parisien’, al cual antiguos empleados de Poly Implant Prothése declararon desde el anonimato que la empresa, cerrada y en quiebra, había desarrollado también junto a las prótesis mamarias una línea de negocio con los implantes masculinos. Para ello, capacitó de manera especial a tres empleados que operaban con una maquinaria muy moderna y costosa.

Engañadoras engañadas

Sin dudas, la protagonista del famoso cha-cha-chá “La Engañadora”, de Enrique Jorrín, no habría corrido estos peligros con sus almohaditas, aunque después de descubiertas, nadie las quisiera apreciar.

¡Pero es que estas “engañadoras” de nuevo tipo han sido doblemente engañadas! Sin embargo, las denuncias solo quedan a ras del pecho, culpando solo, y claro que con razón, al estafador.

Pocos, al enfocar este fenómeno, se han detenido en esos llamativos y bien pensados anuncios que de los más diversos modos van, reptando como la Serpiente, colándose subrepticiamente en las cabezas de algunas Evas, haciéndoles creer que exhibir grandes pechos, como universal madre nutricia, es ser bellas, deseadas y valiosas.

Son diabólicos mecanismos que aniquilan el derecho a ser uno(a) mismo. No buscan volver a la mujer más atractiva para el hombre, sino convertirla en un cordero del mundo de la cosmética y sus mercancías, incluyendo las llevadas y traídas prótesis. Con habilidad y ciencia, las estrategias publicitarias crean necesidades, pero de una manera tan macabra que a la vez que aniquilan identidades proponen modelos imposibles de alcanzar, fraguados por las herramientas del photoshop y otros ardides tecnológicos. Al final, la propuesta es dejar de ser una misma para tratar de parecerse a… un fantasma.

Y ahora, son cientos de miles las que penan por llevar en sus pechos la maldición de ese fantasma, la marca a fuego vivo de esa impronta globalizadora solo de cara al mercado, en la que se tiene pelo bueno si es lacio y rubio, y malo si es encrespado y negro; en la que tener narices anchas de indígena o africana, baja estatura, grasa en el abdomen o senos pequeños se convierte en una desgracia tan mayúscula como padecer de una enfermedad incurable.

Es esa industria cultural que deconstruye identidades la que pretende enfermarnos, borrar con una gigantesca goma las diferencias para que al mercado acuda un ejército de zombis clamando al unísono por los mismos productos, esos que más plata aportan a los consorcios. No importa que la autoestima quede aplastada, que la ansiedad conlleve incluso a la muerte como ha sucedido con algunas bulímicas y anoréxicas.

Y evidentemente, ahora tampoco importan demasiado esas tantas mujeres que hoy son pura angustia sabiéndose portadoras en su cuerpo de una sustancia nociva, justo donde hace un tiempo manaba la leche con que amamantaron a sus hijos.

Ya lo dijo Galeano: “En la época de la ‘seguridad nacional’, presas viven las personas para que libres vivan los negocios.”

Acerca de jmanuelr

Universidad de Sancti Spíritus ¨José Martí Pérez¨

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