Cuba

Todos a una

http://bohemia.cu/category/nacionales/ Desde unos años a la fecha, mucho se ha hablado y discutido públicamente sobre una tendencia que persiste y parece aumentar: la indisciplina social. Sin embargo, parte de lo […]

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Desde unos años a la fecha, mucho se ha hablado y discutido públicamente sobre una tendencia que persiste y parece aumentar: la indisciplina social. Sin embargo, parte de lo dicho ha topado con muchos oídos sordos y medidas emitidas al respecto rezan sobre todo en papeles, mientras que las indisciplinas, igual que el dinosaurio del cuento breve de Augusto Monterroso, todavía sigue ahí.

El dilema tiene distintas aristas y causas que navegan entre lo subjetivo y lo objetivo, pero es innegable que hábitos muy dañinos han ganado espacios en una sociedad como la nuestra, que se basa en principios humanos, en la solidaridad, y aspira a lograr altos niveles de prosperidad espiritual y cultural, además de bienestar material. Vivir en el libre albedrío, a costa de vulnerar límites, quebrantar normas y dar cabida al individualismo egoísta sobre el interés colectivo atenta gravemente contra el civismo.

Los malos ejemplos están a la vista de todos: música estridente a cualquier hora, ruidos de diversa índole, vandalismo contra teléfonos y transportes públicos, infracciones del tránsito, alteraciones del orden con riñas y escándalos, bebidas alcohólicas en sitios impropios, obscenidades y groserías a la vista de todos, no importa si son mujeres y niños, negocios clandestinos e ilegalidades, que van siendo “normales” en el barrio.

Asimismo, mancillan el derecho ajeno y la convivencia armoniosa otros males como falta de higiene urbana, mal servicio y ultraje al consumidor en establecimientos estatales, violaciones en precios de pasajes o de alimentos, abuso de poder, culto a la burocracia, hechos de corrupción, desvío de recursos, evasión de impuestos.

El desorden, la chapucería, la indolencia, el irrespeto, entre otros vicios, villanos de nuestra vida real, a veces andan encubiertos, aunque la mayoría de las ocasiones circulan abiertamente, con desdén por los códigos y pese al rechazo popular. Sobre el peligro que estos males representan, alertó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en su intervención del Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, cuando expresó que esta Revolución corre más riesgos de destruirse por desidia propia que por fuerzas externas, sin desdorarlas.

También el general de ejército Raúl Castro Ruz ha hecho reiterados y pertinentes llamados, más recientes, convocando a combatir con fuerza y sin tregua los malos hábitos que dañan la conducta en la comunidad y en los propios hogares, así como a eliminar los errores presentes en diversas esferas.

Cada cual busca explicación al fenómeno e incluso sugiere su remedio. Pero las indisciplinas sociales proliferan, aventajando al control y la exigencia; la combatividad parece que estuviera de vacaciones; se ha enraizado la costumbre de admitir la transgresión de todo orden, sin mover un dedo, sacudiéndose la responsabilidad y pasándola a otros, como la clásica papa caliente.

El país cuenta con muchas estrategias en materia de prevención, vigilancia y protección. Reto grande es elevar su efectividad. Ante el actual panorama suele esgrimirse: “es un asunto de todos”, frase a la que cabe razón, pero ante la cual hay que tener en cuenta que, muchas veces, dentro del todo se diluye la responsabilidad. Aun cuando cada uno tenga su cuota de compromiso, la tarea requiere liderazgos específicos.

La ciudadanía –todos a una, como en Fuenteovejuna– puede colaborar en el rechazo al menoscabo de los buenos valores; la escuela posee entre sus competencias la de fortalecer la instrucción y la ética individual; el seno familiar tiene el deber de fomentar patrones puertas adentro y afuera, lo que significa respetarse uno mismo y a los demás; mientras a las organizaciones de masas atañe afianzar su papel avizor en comunidades, centros de trabajo y estudio. Pero, independientemente de ese respaldo social, que debe contribuir a la unidad de acción, existen las instituciones estatales directamente responsables, y los métodos para el enfrentamiento inmediato y contundente a los transgresores de lo legislado.

La impunidad nunca podrá ser opción dentro de un proceso revolucionario como el nuestro, erigido con el sacrificio de miles de cubanos. La disciplina se impone. Se trata de una batalla que debe encauzarse con energía, con mayor percepción de riesgo, sentido de pertenencia y acciones concretas, lejos de monsergas vanas y triunfalistas. Por más difícil que resulte este combate, no queda más camino que vencerlo, pues en juego está una sociedad forjada con todos y para el bien de todos.

Acerca de jmanuelr

Universidad de Sancti Spíritus ¨José Martí Pérez¨

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