Cuba

Centrismo o tercera vía, a estas alturas en Cuba

Tony Blair y sus panglosianos acólitos, en busca de “el mejor de los mundos posibles”. Imágen: Internet Escrito por  Jorge Ángel Hernández Pérez http://cubasi.cu Más en corredores mediáticos internacionales de […]


Tony Blair y sus panglosianos acólitos, en busca de “el mejor de los mundos posibles”.
Imágen: Internet

Escrito por  Jorge Ángel Hernández Pérez
http://cubasi.cu
Más en corredores mediáticos internacionales de cierto grado académico que dentro de Cuba, se ha intentado difundir la idea de que se está desarrollando una corriente centrista democrática en el ámbito político nacional.

La pretensión es, en principio, artificial; una construcción desde la teoría que cuenta con el concurso de medios de divulgación que no abundan demasiado en sus bases, sino en el paquete de síntomas que hacen lugar común cuando de Cuba se habla. Desde la perspectiva estratégica con que se maneja actualmente la política convencional, no acudir a las bases –propias o del adversario a derrotar– es esencial. Solo así se entra en lo que se ha llamado la estetización de la política y se la convierte en ejercicio de banalización del trabajo por el mejoramiento de la sociedad.

Las bases actuales de ese centrismo artificial se fundamentan en la llamada tercera vía política, globalmente impulsada por Tony Blair, aunque centrada en cinco puntos básicos desarrollados por el sociólogo Anthony Giddens, ideólogo por antonomasia de esta tendencia. Los cinco puntos de Giddens son:

Dominio e implicaciones de la Globalización

Banalización del significado de la izquierda y la derecha como posiciones políticas

Individualismo como marco de los objetivos ciudadanos

Descrédito de todas las mediaciones políticas

Integración de los problemas ecológicos a la política social[1]

Su historia se remonta mucho más atrás en el tiempo, cuando la socialdemocracia europea buscaba la salida más ética, aterrada en verdad por el avance de los cambios revolucionarios que partían de las concepciones de Marx y Engels acerca del estado burgués y se hacían realidad con la Revolución socialista de octubre, de la cual Lenin era líder e ideólogo fundamental. Así, del mismo modo en que Max Weber propuso el protestantismo como opción a la revolución a la que Marx llamaba, la tercera vía de hoy intenta rescatar, con nuevo pedigrí, las normas contractuales del capitalismo, sobre todo a través del sistema de Partidos Políticos que legitima, en el propio sentido weberiano, el dominio de clase mediante un sistema que se auto titula democrático por antonomasia.

Acudir hoy a ello significa que se reconoce el callejón sin salida de las reformas hechas por el capitalismo global (por ejemplo, el llamado Estado de Bienestar o las proyecciones económicas de Keynes o Stiglitz), pero se acude a la utopía de una sociedad mejor a través de ese mismo capitalismo depredador de los recursos del Planeta, las posibilidades de la economía (grandes Consorcios concentran cada vez más la propiedad y la industria)[2] y el ejercicio del poder político (mediado por esos mismos monopolios empresariales). Desde la tercera vía se intenta, sobre todas las cosas, desacreditar la posibilidad de cambiar el orden de dominación política global que se sustenta en la reproducción del capital. Estado burgués y reproducción concentrada de capital están en estrecha vinculación y dependencia. Así, se busca neutralizar toda posibilidad revolucionaria y se garantiza la permanencia del contrato social con la ciudadanía. Se asume, por tanto, que la diferencia de clases es inevitable y que la sociedad congratula a los más aptos para la adaptación. El socialismo plantea, por su parte, la desaparición del estado como meta de partida hacia la nueva sociedad, lo cual dejaría sin esencia el concepto contemporáneo de la propiedad.

Los puntos focales en el individualismo de éxito son en realidad casos de excepción, como se hace con las leyendas de determinados individuos que gracias a los resultados de su gestión profesional han emprendido el camino de la concentración de capital hasta llegar a ser millonarios con mucho seguimiento mediático, farándula incluida. Sean programadores de software, artistas o comerciantes de bienes culturales, necesitan de que se ponga en marcha lo que Mészáros llamó el metabolismo social del capital.[3] Napoleón arengaba a su tropa asegurándole a los soldados que cada uno de ellos llevaba el bastón de Mariscal en la cintura, solo tenía que ganarlo en la batalla. Muchas batallas ganaron sus soldados sin que ninguno calzara el bastón de Mariscal, por cierto. Se trata, en suma, de un proceso de manipulación simbólica de los deseos del individuo. Propaganda y consumo arraigan como objetivo de realización personal alcanzar ese paquete de aspiraciones que el propio marco cultural ha sembrado a través de las bases pragmáticas de la educación.

Por último, los planes ecológicos, cuando los hay, responden a regulaciones en papel que dan barniz a la depredación empresarial y a la extracción indiscriminada de los recursos del Planeta. El capitalismo lo plantea de esa forma por necesidad sistémica, así que es imposible detenerlo con un paquete de regulaciones que a la postre se incumplen. La maquiavélica boutade de Trump de salirse del Acuerdo de París de 2015 revela, a contracorriente, la hipocresía de esta postura.

En Cuba, por si fuera poco, la tradición de ideas socialdemócratas es casi nula;[4] en la actualidad estas han sido asumidas por algunos activistas (la mayoría no muy claros de su legado teórico, o sencillamente desconocedores de sus bases) y por algún que otro intelectual que busca una vía de apariencia menos radical para enfrentarse a la transformación revolucionaria. La contra revolución tiene en Cuba un número escandalosamente ridículo de simpatizantes y una cifra aún mucho más reducida de personas tentadas a seguirla. Las conductas centristas, en su inmensa mayoría, responden al tercer punto de Giddens, es decir, a buscar de modo individualista la solución a los problemas de la sociedad. En concreto y a la cubana común: resuelvo lo mío, y los demás que luchen.

Por último, las tendencias de tercera vía que intentan deslizarse en Cuba se hallan asociadas a las tendencias de socialismo alternativo que planteó la contra revolución de Guerra Fría del siglo XX, es decir, a la subversión que se camufla de verdadera doctrina socialista para captar simpatía entre los propios revolucionarios. Su difusión pasa por el financiamiento que sale del departamento del Tesoro estadounidense para lo que llaman el programa de reinstauración de la democracia en la Isla. Una y otra vez se han desclasificado, o se han puesto al descubierto por ejercicio periodístico, las vías de inyección de ese financiamiento y sus objetivos de destino. En este sentido, el reinicio de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos persigue el claro propósito de avanzar en objetivos no cumplidos mediante el bloqueo económico y el asedio mediático. Así lo dijo Obama claramente, intentando un regreso un tanto post a la política del buen vecino, de conjunto con la de la zanahoria de la moda y el deslumbramiento tecnológico y, sobre todo, buscando alguna reducción de los millones que con ese objetivo sacan al contribuyente norteamericano.

De ahí que al pensamiento que se alía al centrismo democrático no le quede otro remedio que pactar con el plattismo. Y el plattismo es, sin más vueltas de tuerca, la aceptación contractual del dominio y la injerencia estadounidense.

De ahí, por demás, que ese pensamiento centrista sea tan agresivo con el proceso revolucionario cubano –al punto de diagnosticar como fracaso lo que es mérito y ganancia social y cultural indiscutible– y que opte por el silencio cómplice cuando se manipulan según los patrones de propaganda negra puntos de confrontación abierta que subyacen en los fundamentos históricos del pensamiento cubano. La permanencia del bloqueo económico, comercial y financiero, abrumadoramente condenado en la Asamblea de la ONU durante años sucesivos, es el ejemplo cardinal de esta conducta, pues se suele decir que el bloqueo es pretexto y no causa de la mayoría de las carencias del cubano común, como el acceso a una conexión normal a Internet, para poner solo un ejemplo del que el Bloqueo es un completo responsable. La ilegal existencia de la Base Naval de Guantánamo, fruto de la Enmienda Platt[5] es aun otro punto que esta tendencia suele banalizar a priori, convirtiendo en indiferencia cínica su acunado plattismo.

La sola idea del centrismo democrático revela su carácter de construcción artificial, de propaganda, con la cual la subversión de posguerra fría busca ganar un poco más de tiempo para devolver al cubano la percepción de que la hegemonía capitalista es inevitable y, por tanto, es necesario acudir a un “mal menor”. Curiosamente irónico, porque desde esa posición se ataca a las medidas de economía mixta que la actualización del modelo pone en práctica, llamándolas centristas, mientras al mismo tiempo la emprenden con las normas de regularización y control, tildándolas de atraso y de ejercicio excesivo del poder político.

Este centrismo, tropical e instantáneo, trabajosamente deslizado entre el sector más joven, y coherente con su intención de regreso al sistema de Partidos Políticos, se muestra más como un intento de programa electoral que como una plataforma social de alguna perspectiva futura, al menos si depende de sus propios preceptos y no de alguna fuerza exterior que lo coloque “por encima de la sociedad”, como al estado burgués. Una de las pruebas de ello es ver hasta qué punto sus argumentos se quedan en la manipulación de síntomas, o sea, en el modo de diagnosticar acerca de las carencias y necesidades de la sociedad cubana.

El consenso de juicio conceptual al que el centrismo acude es anterior al hecho mismo, lo cual no armoniza en modo alguno con el equilibrio al que aluden sus teorías. Dicho una vez más a la cubana común: lo mismo con lo mismo; aunque, eso sí, con fuentes no muy claras y más o menos generosas de financiamiento, y una nueva apariencia tecnológica.

Tomado de La Jiribilla

[1] V. Anthony Giddens: The Third Way: The Renewal of Social Democracy, Cambridge, 1998 / La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia. Traducción: Pedro Cifuentes Huertas, Santillana S. A., 1999, ISBN: 968-10-0797-7.

[2] Véase, por ejemplo, como apenas dos Consorcios comerciales son dueños de la mayor producción editorial del Planeta en español: Jorge Ángel Hernández: “Consorcios comerciales en la industria del Libro”, Cubaliteraria, Semiosis (en plural), http://www.cubaliteraria.cu/articuloc.php?idarticulo=19848&idcolumna=29

[3] Iztván Mészáros: El desafío y la carga del tiempo histórico. El socialismo en el siglo XXI, Traducción de Eduardo Gasea, Anayansi Jiménez y Gladys Sanz, Vadell Hnos. Editores C.A., Caracas, 2008, 427 pp. ISBN: 978-980-212-465-7.

[4] Véase Elier Ramírez Cañedo: “La tercera vía o el centrismo político en Cuba”, en Cubahora, 29/05/2017 http://www.cubahora.cu/politica/la-tercera-via-o-centrismo-politico-en-cuba

[5] La Enmienda Platt es un apéndice al proyecto de Ley de los Presupuestos del Ejército aprobado por el Congreso de Estados Unidos, e impuesto como parte del texto de la primera Constitución de la República de Cuba, elaborada por la Asamblea Constituyente de 1901, bajo la amenaza de que si no la aceptaba, Cuba seguiría ocupada militarmente. Véase más en EcuRed, https://www.ecured.cu/Enmienda_Platt

¿Unirse centristas y revolucionarios?

Escrito por  Javier Gómez Sánchez/La Pupila Insomne

Tomado de http://cubasi.cu
Lejos de ser un retroceso, el discurso de Donald Trump lo que hace es dar inicio a un escenario político completamente nuevo.

Las posibles situaciones a partir de la implementación de su Directiva Presidencial serán, respecto a los escenarios anteriores en el conflicto Estados Unidos-Cuba, totalmente inéditas.

La nueva política presidencial es, en actitud y retórica, indudablemente retrógrada. Pero los efectos de su emisión no pueden verse aislados de las condiciones ya establecidas por la política anterior en las que esta viene a producirse.

Este 16 de junio pone fin al aire de incertidumbre en el ambiente contrarrevolucionario que se inició cuando Hillary Clinton, continuadora de la política de ¨ vía diplomática¨ de Barack Obama hacia Cuba, perdió las elecciones presidenciales frente al republicano Donald Trump.

Desde entonces el tratamiento que el nuevo gobierno daría al aparato neo contrarrevolucionario y su circuito de medios de comunicación creados por su antecesor fueron una incógnita. Pocas veces en la historia se ha presentado una pugna tan enconada entre los grupos de intereses en la política cubano-estadounidense hacia Cuba.

Con la presencia en la Administración Trump de impulsores de la política más agresiva, un indicio significativo fue la carta dirigida al Presidente por militares de alto rango retirados, sugiriéndole que continuara la política del anterior gobierno. En ese momento, la posibilidad de que lo planteado en la carta se lograra, podía llevar a ¨un factor común que evidencia, no una diferencia de política demócrata-republicana sino una continuidad, que de desarrollarse podía llamarse Doctrina Obama-Trump, donde el presidente de turno juega a ser el policía bueno con determinado país (Cuba) y el policía malo con otros (Venezuela, Siria).¨

El 16J, en cambio, lo que evidenció es la falta de capacidad del gobierno de Donald Trump para poder desarrollar esa política exterior por separado, ni siquiera a favor de los propios intereses imperiales de los Estados Unidos. El juego obamiano indudablemente requería una habilidad política y diplomática de la que Trump y su gabinete carecen.

Pero sobre todas las cosas, el brusco cambio, significa el rompimiento del pacto o ¨consenso contrarrevolucionario¨ ocurrido durante el gobierno de Barack Obama, entre la contrarrevolución tradicional representada por el senador Marco Rubio y la neo contrarrevolución centrista representada por el empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas. En un encuentro auspiciado por la Heritage Foundation y Google ideas, celebrado el 21 de marzo de 2012 en Washington, ambos representantes llegaron a un acuerdo para un cambio de estrategia hacia Cuba bajo la idea de utilizar Internet “para descongelar una isla congelada en el tiempo”.

Es público que cada año el gobierno norteamericano asigna un presupuesto de 20 millones de dólares para proyectos de subversión en Cuba. Es muy probable también que exista una cantidad de dinero que se emita para estos fines de forma encubierta. Estos fondos son utilizados por la CIA y por la USAID para favorecer a grupos políticos de origen cubano de diversa tendencia.

Tradicionalmente el mayor beneficio de esos fondos había estado en manos de la contrarrevolución tradicional, sosteniendo la industria del anticastrismo en la ciudad del Miami, que daba sostén económico, beneficios electorales y capacidad de cabildeo a una mafia política establecida durante décadas.

Igualmente de esta corriente se beneficiaban los grupos de disidentes tradicionales en la isla, ya muy desprestigiados y despreciados por los propios norteamericanos, pero aún existentes.

La pérdida alarmante de terreno electoral de los republicanos en la Florida, la actitud favorable al acercamiento de la mayoría de los cubanos emigrados, y el empuje de las nuevas tendencias de ¨tercera vía¨ para el caso cubano, obligó a las fuerzas de Marco Rubio a aceptar el acuerdo.

La estrategia de penetración diplomática del socialismo cubano, diseñada para el gobierno de Obama por Arturo Lopez -Levy  y otros, comienza a desarrollarse.

El dinero es re-direccionado de sus antiguos usos a nuevos. Las antiguas tendencias principales pasan a ser secundarias pues la nueva estrategia prefiere apostar más al desarrollo de medios ¨alternativos¨ en Internet, la fabricación de ¨líderes de opinión¨, el cultivo de una zona política centrista entre los intelectuales cubanos y la creación de una izquierda no comunista, a continuar poniendo su patrocinio principal en los disfuncionales grupos de disidentes cubanos vinculados a Miami. Aunque estos últimos continuaban siendo sostenidos, pasan a tener un rol secundario.

El dinero comienza a usarse para eventos en Europa y Estados Unidos, donde se reúnen los nuevos actores de la estrategia centrista. Bajo financiamiento surgen varias páginas web, mientras otros proyectos ya existentes se unen la nueva estrategia, creándose un circuito de comunicación neo contrarrevolucionaria.

En ese tránsito de la debilidad al fortalecimiento aparecen, sobretodo, nuevos bolsillos. Las viejas fuerzas de Miami observan el nuevo panorama mientras tragan en seco.

Pero llegan las elecciones y el descontento de los estadounidenses con la gestión demócrata hacen que los republicanos, con Trump como Presidente, vuelvan a la Casa Blanca. La alfombra roja vuelve a tenderse para la fauna política de Miami.

Con el desequilibrio de las relaciones de poder, ya no necesitan estar sometiéndose a ningún pacto.

Significativamente en días previos al discurso, de forma oportuna José Daniel Ferrer y su empresa política UNPACU pertenecientes a la disidencia tradicional venida a menos, publica una carta abierta al Presidente pidiéndole un cambio de política. Finalmente Marco Rubio sonríe y aplaude junto a los demás tras la tribuna del Teatro Manuel Artime de Miami.

Se rompe el ¨consenso contrarrevolucionario¨.

Veamos algunas reacciones emitidas por el circuito de medios centristas:

La Sra. Elaine Díaz, quien fuera beneficiada durante el gobierno de Obama con una beca en Harvard y con el financiamiento de su publicación digital Periodismo de Barrio, comenzaba: ¨Las medidas que anunció hoy, presidente Trump, son patéticas. (…)Las medidas que anunció hoy no son irrespetuosas con el gobierno cubano, son irrespetuosas con los ciudadanos cubanos. Son irrespetuosas conmigo¨ y terminaba: ¨Puede que el trato con Obama se haya jodido; pero nuestra dignidad sigue intacta¨.

El Sr. Hugo Cancio, propietario de la revista On Cuba, quién ha defendido ante otros panelistas en la televisión de Miami el acercamiento diplomático y comercial hacia Cuba, así como el intercambio cultural Cuba-USA en el que participaba con su empresa Fuego Entertainment, emitió en un Editorial con el título ¨Un mejor acuerdo ¿Para quién?¨:

¨Cuando Donald Trump ganó las elecciones en noviembre pasado, todos sentimos que vendrían cuatro años de mucho trabajo. Las escasas declaraciones hacia Cuba del hasta entonces candidato presidencial no eran precisamente alentadoras. En todo caso, la variable Obama en el proceso de normalización había sido determinante. Y esa variable estaría desde ese momento fuera de la ecuación¨.

Cerraba el Editorial: ¨¿Para quién un retroceso con Cuba sería mejor? El único beneficiado podría ser el pasado. Y todos, cubanos y estadounidenses, vivimos en el presente. Permítasenos trabajar para el futuro¨.

Cuba Posible, un proyecto que ha  sido promovido a través de la fundación Open Society del magnate norteamericano George Soros (la misma que financió la creación de grupos disidentes en el antiguo Campo Socialista) creado por antiguos integrantes de la revista Espacio Laical, los que en el 2012 tienen un encuentro en La Habana con Carlos Saladrigas, solo dos semanas después de logrado el acuerdo con Rubio; y que en la víspera del 16 de junio había presentado su reorganización en el evento de Washington Office on Latin América (WOLA), ya desde los días previos se declaraba desde los encabezados: ¨La preservación del legado de Barack Obama. Apostando por los que construyen¨, leyéndose más abajo: ¨El presidente puede sentirse influido a hacer concesiones ante las presiones de la derecha cubanoamericana en agradecimiento por el voto de miembros de este grupo a favor de su nueva legislación en materia de salud (…) Trump sabe que necesita aliados en el predominante panorama de impopularidad dentro del que se mueve en su propio circuito¨.

Apenas pronunciado el discurso CP emitió una Nota Pública contraria al cambio de estrategia política.

Cartas desde Cuba del Sr. Fernando Rasberg, el mismo que propalara la grave falsedad de que el ejercicio militar Bastión 2016 se realizaba como respuesta del gobierno cubano a la elección de Donald Trump, emitió el título poco antes del discurso: ¨¿Se acabará la tregua entre Cuba y EEUU?¨, en el que pronunciaba:

¨Es muy cínico repetir que se puede aplicar un bloqueo económico contra Cuba, afectando solo a la clase dirigente sin lastimar al cubano de a pie. La disidencia, que hoy festeja, parece no entender que su aislamiento proviene justamente por apoyar a Washington contra su propia gente. Albert Einstein nos recomendaba que “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” …¨

Es entendible que los neo contrarrevolucionarios tengan motivos para expresar rechazo al cambio que ha realizado Trump.

Pero si llega a llevarse a la práctica, un cambio del centrismo como estrategia principal a secundaria, no significa que el apoyo y financiamiento a este desaparezca. Su patrocinio está insertado dentro de planes de estrategias programáticas que no depende del Presidente de turno, sino del tipo de operaciones que la CIA y otras estructuras del aparato de inteligencia e intervención geoestratégica de los Estados Unidos determine desarrollar.

El gobierno de Obama asumió su estrategia públicamente luego de que la CIA durante años estudiara las posibilidades de aplicar el uso de la penetración cultural y la guerra psicológica, y no al revés.

Los proyectos de comunicación ¨alternativos¨ seguirán siendo financiados. La contraposición de sectores intelectuales y artísticos con las instituciones cubanas seguirá siendo fomentada. El sabotaje al debate revolucionario y sus procesos legislativos seguirá siendo  intentado. La idea de una socialdemocracia como solución nuestros problemas nacionales seguirá siendo introducida. Continuarán trabajando sobre los estudiantes y profesores universitarios, como sobre los periodistas. Se continuará armando en las redes sociales una maquinaria de fabricar rumores que permita introducir matrices de opinión. La seudo revolución continuará siendo aprovechada al servicio de la neo contrarrevolución. Todo lo que divida seguirá siendo utilizado al máximo.

No dudemos en que veamos nuevas reacciones ¨anti Trump¨ en los medios centristas. Incluso que estas se vuelvan habituales hasta convertirse en parte misma de la estrategia. El circuito de comunicación centrista tendrá dos razones para emitirlas:

1-La práctica. Al ser una pérdida de terreno como tendencia en el juego de la política norteamericana.

2-La comunicacional. Que le permite utilizarlo para ganarse las simpatías de los cubanos que pudieran identificarse con ese rechazo.

En este segundo aspecto es que deben los revolucionarios, como lectores individuales o como medios de comunicación, organizaciones e instituciones debemos estar más claros que antes.

Ahora es más necesaria que nunca una tremendísima claridad. Andar como decía Fidel que estaba el Che: ¨Más claro que las aguas de Varadero¨

Porque los medios neo contrarrevolucionarios harán en mayor escala lo mismo que hicieron con el episodio del individuo con la bandera estadounidense en el desfile del 1ro de Mayo: Utilizarlo como herramienta para convenientemente ¨distanciarse¨ de un hecho tan aborrecible y dividirnos a partir de cómo lo enfrentamos. No hay manera racional de simpatizar con Donald Trump, ni cubanamente de hacerlo con Marco Rubio. Los centristas asumirán como parte de su agenda ese rechazo y lo utilizarán como camuflaje. Intentarán atraer con eso a personas honestas e incluso a revolucionarios. No se descarta que lleguen a pretender un espíritu de supuesta ¨unión cubana¨ ante el ¨carácter maligno¨ de Trump. Pretenderán engañarnos, haciéndose pasar por patriotas cuando sabemos que no lo son. Intentarán envolvernos diciendo que el verdadero enemigo de la Revolución, del Socialismo y del pueblo cubano es la tendencia de Trump y no la de ellos.

Cuando se habla de alianzas con un poder extranjero, no hay diferencia entre un Marco Rubio y un Carlos Saladrigas. El carácter común está en sus fines: Derrocar la Revolución, restablecer el capitalismo como sistema y la dominación estadounidense en Cuba.

Por eso la posición de los revolucionarios debe ser común. El centrismo y sus exponentes son y seguirán siendo por su naturaleza parte de la contrarrevolución. Ni jugando debemos caer los revolucionarios en musarañas de estar mirando el ¨mal menor¨ y creer que quienes se preocupan más por el “legado de Obama” que por la soberanía cubana pueden ser nuestros aliados. Frente a nosotros sus diferencias son solo de método, pero en el fondo no las tienen ni ideológicas, ni políticas. Ambos quieren la Revolución derrotada. De la misma manera en que los norteamericanos han construido un aparato de comunicación contrarrevolucionaria, y no lo van a desarmar, nosotros debemos seguir construyendo nuestro frente de comunicación revolucionaria sin perder tiempo, superar a la seudo revolución, identificar a la neo contrarrevolución, e integrar a los revolucionarios nuevos.

Definir para unir.

Nunca perder lo que nos identifica que es lo que ellos no tienen: nuestro carácter martiano, guiterista y fidelista. En esos medios podrán aparecer todo tipo de cosas, con todo tipo de intenciones, pero lo que nos diferencia abismalmente es que nosotros ante un nuevo Presidente del imperialismo yanki decimos lo que ellos nunca van a decir: Patria o Muerte.

Con Patria, vivos y vencedores.

Acerca de jmanuelr

Universidad de Sancti Spíritus ¨José Martí Pérez¨

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