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La segunda muerte de Michael Jackson

Imagen de Leaving Neverland que muestra a Jackson con uno de los protagonistas del documental y su familia. Foto: Tomada de Internet Autor: Rolando Pérez Betancourt | internet@granma.cu   Al […]
 

Al cumplirse una década de la muerte de Michael Jackson, el legado artístico del llamado Rey del pop corre el riesgo de irse al abismo tras la exhibición del documental titulado Leaving Neverland.

«Devastador» y «perturbador» fueron  calificativos reiterados por aquellos que han visto esta producción de la cadena HBO, dirigida por el británico Dan Reed y que tuvo su estreno reciente en el prestigioso Festival de Sundance.

Cuatro horas durante las cuales dos hombres relatan cómo, desde la edad de 7 y 10 años, fueron seducidos y violados en reiteradas ocasiones por Jackson en su palacio Neverland, una construcción con los recovecos y escondrijos necesarios como para hacerse invisibles dentro de ella.

Espectadores y críticos coinciden en señalar como muy creíble el documental de Reed, donde también aparecen los testimonios de las madres de los protagonistas y otros familiares. Ellas, adormecidas por la fama y el dinero del artista, reconocen no haber prestado la debida atención a lo ocurrido durante aquellos días en que llegaron a creer que también sus hijos bailarines podían alcanzar el estrellato, tal como les había asegurado el cantante.

Ya en 1993 estallaron escándalos de abuso sexual a menores en el fantasioso palacio de Neverland. Dos niños acusaron entonces a Jackson y las familias de ambos exigieron millones de dólares como recompensa por los daños emocionales. Tras semanas de despliegues sensacionalistas el caso resultó desestimado, aunque se comentó que por debajo de la mesa había corrido abundante dinero. Fue, sin duda, una mancha dentro del historial del talentoso artista  que había revolucionado la música pop y que, en su momento de esplendor,  pudo exhibir –como ningún otro– la mayor legión de seguidores en el mundo.

Tanto la familia de Michael Jackson como los empresarios encargados de comercializar su legado musical protestaron ante el documental y emprendieron acciones legales argumentando que los dos entrevistados, Wade Robson y James Safechuck, buscaban notoriedad y dinero, además de que años atrás habían testificado en favor del artista.

Sin embargo, ha quedado claro que ninguno de los dos cobró un centavo ni se beneficiarán por su participación en el filme. Incluso, hacia el final del metraje, se ve a Safechuck quemando recuerdos que lo ataban a Jackson, entre ellos, regalos de no poco valor. Los dos, en sus testimonios, dejan claro que aceptaron colaborar en este documental sobre la destrucción de la inocencia –como lo ha catalogado su director– porque buscaban redimirse moral y mentalmente y como advertencia a lo que pudiera ocurrir con  otros niños. En el caso de Robson, fue decisivo el convertirse en padre y comprender que sería capaz de atentar contra la vida de cualquier pedófilo que abusara de su hijo.

Un factor que impulsó a las víctimas a colaborar fue la irrupción del movimiento MeToo, creador de una conciencia social sobre el abuso y la violencia sexual, muy especialmente en el sector artístico relacionado con Hollywood.  

Leaving Neverland (Dejando Neverland) no tiene nada de amarillismo (no obstante las escabrosas  intimidades que cuenta) ni pretende ser un juicio contra Michael Jackson, aunque es inevitable sacar conclusiones luego de escuchar las declaraciones de sus dos protagonistas y sus madres, arrepentidas ellas de una complicidad indirecta, allá en los años 90, cuando permitieron que sus hijos se convirtieran en compañías asiduas en las noches alegres del cantante.

No son pocos los que han calificado el documental de Dan Reed como un drama de terror del que se pueden extraer lecciones relacionadas con la conducta de cualquier pedófilo: primero, ganarse la confianza de la familia hasta ser aceptado como parte del núcleo íntimo, luego quedarse solo con la víctima y aprovecharse de su fragilidad e indefensión.

Según declaraciones del director de Leaving Neverland a la BBC, «el culto a las celebridades es pernicioso y lleva a las personas a quedar ciegas y a los padres a hacer estupideces». No desconoce él que a los seguidores incondicionales de Michael Jackson les costará trabajo dar por verídico lo que expone el filme, pero deben comprender, al igual que los herederos del artista, que ya no se vive en la década de los 90, cuando se podía  acosar a los denunciantes «y representar a Michael Jackson como la verdadera víctima de estos niños».

Por lo pronto, la polémica ocasionada por el documental ha hecho que la palabra boicot se asocie a la estrella del pop: emisoras de Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda aseguran que no lo difundirán; el Museo Infantil de Indianápolis retiró objetos suyos, Los Simpson sacaron de circulación un capítulo en que habían contado con la colaboración de Jackson; el programa de humor de la NBC, el todopoderoso Saturday Night Live, ha elegido no hablar de él; Neverland, el palacio de 11 kilómetros cuadrados, con un precio inicial de venta de 88 millones de euros, bajó a 27 millones… y la lista parece continuar.

Cierto que Jackson (en agosto hubiese cumplido 60 años) no está para defenderse, pero se asegura que Leaving Neverland es muchos más enterrador que los procesos por corrupción infantil que en su momento tuvo que enfrentar.

Cabe preguntarse entonces si para muchos  sonará igual la voz del cantante luego de que  el filme de Dan Reed –exhibido por HBO en dos partes– pueda verse en diferentes lugares del mundo.

Acerca de jmanuelr

Universidad de Sancti Spíritus ¨José Martí Pérez¨

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