Ganan menos los que merecen ganar más y ganan más los que merecen ganar menos…
Por Arturo Chang
“Mira estos dedos. Ninguno es del tamaño del otro”, decía el viejo Juan mostrando su mano, para aclarar inmediatamente que no estaba hablando “de la política de la Revolución Cubana que enderezó esto porque aquí todo estaba patasparriba, pero eso es otra cosa diferente a la que estoy hablando”.
En honor a la verdad, ninguno de los interlocutores estuvimos de acuerdo con lo que decía aquel septuagenario en los años 60, cuando todo se iba enderezando gracias al socialismo que eliminó los privilegios de la clase social capitalista.
Aquel jubilado que había dedicado la vida a calafatear barcos, construir y reparar embarcaciones pesqueras en el muelle de Casilda, al sur de Trinidad, estaba adelantándose a su tiempo, y no estaba de acuerdo con que todos tuviéramos lo mismo.
“Un médico tiene que tener más que yo, y yo más que uno que trabaja menos”, afirmaba ante las protestas de quienes prácticamente acababan de pasar los sufrimientos de una Cuba en la cual el capitalismo lo tenía todo “patasparriba”.
Al pasar los años, toda una generación creció malinterpretando lo que significa igualdad, y cuando los que realizaban una labor más compleja eran tratados como corresponde, los que no habían estudiado por cualquier motivo, enarbolaban la frase: “Ah, entonces aquí la ley no es pareja”.
A los que no se habían superado se sumaron los que rendían menos (fuera el motivo por el que fuera), y según confiesan algunos, hasta sintieron en algún momento cierto complejo de culpa por disfrutar de un merecido premio.
Según el mundo iba dejando de estar patasparriba, fue creciendo la alegría por una vida más plena, pero en la misma medida en que la pirámide, que debe tener la base en la parte inferior, fue girando hasta colocar el lado ancho en la zona superior, el entusiasmo fue decayendo.
Con esa figura geométrica al revés, es decir, invertida, fueron creciendo los que se preguntaban ¿Para qué estudiar, si los que menos se superan ganan más? ¿Por qué trabajar más, si los que trabajan menos ganan más? ¿Para qué sacrificarnos, si al final los que más se sacrifican son los que peor están?
Y si a alguien se le ocurre decir que esa situación algún día tiene que cambiar, entonces los beneficiados con la pirámide invertida le espetan a cualquiera con total desparpajo: “La vida es una sola y hay que vivirla. A mí, que me quiten lo bailao… si pueden…”.
Tales interrogantes y razonamientos marcan la pauta de los que hoy se trazan un proyecto de vida, pues deben decidirse por aceptar o no esas ideas.
Cuando una pirámide se invierte, lo que le sirve de base es apenas un punto, y en esas condiciones es imposible que pueda mantener el equilibrio todo el tiempo. Si ya una vez en Cuba se resolvió que el mundo dejara de estar patasparriba, ahora tiene la misión histórica de enderezar la pirámide.





Los dos trabajos estan muy buenos ¨Soñar no cueta nada… y Mundos patas arriba¨ ambos demuestran la grandeza de una revolucion a solo unos centrimetros del imperialismo mas rapaz y destructor que haya existido en el universo.